16 mar 2011

"Nuevos Amantes"

Esa mañana desperté y parecía ser que un rayo de sol visitaba mi habitación. De a poco, mis pupilas recobraron su cordura y un flash en mi mente parecía centellar vagos recuerdos. Al dar la vuelta, una sonrisa se dibujó en mi rostro al verlo ahí, recostado a mi lado; con una expresión pacífica aún apaciguada por el último sueño.
Parecía irreal despertar a su lado, mi mente parecía tratar de convencerme de la utopía de la escena. Y sí, para mí era nuevo el despertar a su lado, ver sus cabellos brillar con el reflejo de la resolana de la mañana, con sus brazos a mí alrededor y el calor de su cuerpo calentando mi espíritu.
La sensación de irrealidad me recorría cual  escalofrío mientras de a poco, me estrujaba contra sus labios, moviendo sus frías manos cual rocío matinal a través de mi cabello.
Y mi racionalidad se esfumó. Sólo quería detener el tiempo, tenerlo aquí por siempre. Apreté mi mano con todas mis fuerzas, en un intento de poseer éste recuerdo por siempre.
Y así, tan efímero como el suspiró que se coló entre ambos, volvimos a la realidad, ahora con el título de amantes.

Dalia. Tickling With Words*

13 mar 2011

"El crepúsculo del nuevo mundo"

Dedicatoria del libro de seis capítulos que, en colaboración con tres compañeros, escribí en secundaria. Escrita originalmente para Francis Y. Aguirre quien inspiró ése proyecto.
Y no está de más agregar que escribí la dedicatoria para y pensando en esos maestros que me cambiaron de una u otra forma, que me inspiraron de cierta manera y que de algún modo, me han hecho lo que soy.

"Para la maestra Francis, que siempre nos alienta y apoya para seguir caminando hacia delante en el camino de lo desconocido, guiándonos con el mapa del conocimiento, esperando marcar la  senda del futuro.
Porque siempre nos motiva a mejorar, nos muestra nuestro potencial y nos enseña a exigirnos todo de nosotros mismos para así llegar a ser los mejores.
Porque no se puede alcanzar la perfección, pero sí aspirar a ella, le dedicamos este libro, para que sea parte de ella como ella es parte de nosotros."

Para mí, no sólo fueron profesores, fueron un pilar. Cuando flaqueaba me recordaban que puedo dar más, que nunca es suficiente y que no hay nada que no pueda ser o hacer. Ellos, que creyeron en mí cuando nadie lo hacía, a ellos quiero decirles: gracias. Porque  más de alguno me aconsejo como a su hija, como a su hermana. Porque hemos sido amigos, confidentes, compañeros de aventuras, tutores, guías y más que profesores, maestros.

A ellos quiero decirles que sigan con su vocación, porque estoy segura de que no seré la única a la que le cambien la vida. Y espero que algún día se sientan orgullosos de mí, como un maestro lo está de su pupilo.


Con mucho cariño y una profunda admiración para:
Francis Aguirre A.
Rogelio Ríos O.
Gerardo Carrasco T.

Jorge Andrade N.
Eloy Caloca L.

"El crepúsculo del nuevo mundo"
De: Dalia L., Sherlyn G., Luis L., Elsa R.

Dalia. Tickling With Words*

"Estética de la naquiza"

Carlos Monsiváis.

NO ES QUE ESTÉ FEO, SINO QUE ESTOY MAL ENVUELTO.


A lo largo del desarrollo de la sociedad siempre ha habido un pequeño grupo de rezagados, personas que son mal vistas desde la perspectiva general, y no hay quien sea más rechazado en nuestros días, que los pedestres, zafios, corrientes, triviales, iletrados y rústicos coloquialmente denominados: nacos.
No importa cuán marcados estén los estatus, estos léperos son parte de nuestra cotidianidad y hemos aprendido a tratarlos. Son nuestra burla y nosotros la suya, las diferencias entre ellos y nosotros es lo que fortalece la ostentosa cultura mexicana.
Llámese folklor o regionalismos no cabe duda que los nacos transforman nuestro país en todo sentido, desde el lenguaje, hasta la forma de vestir pasando por la comida y las costumbres, para bien o para mal, son parte fundamental de lo que hoy somos, porque se dice que la fuerza de una sociedad se mide por la resistencia de su eslabón más débil, y, ¿cuál es nuestro eslabón más débil? todos los que se encuentran escondidos en cada rincón de los barrios de la cuidad.

Pero, ¿a quién podemos etiquetar con este término? Quien cabecea en el transporte público dejando su aliento matutino plasmado en la ventana, aquel que deja entrever su chicle a medio mascar en su boca, el que deja su alma y corazón en el partido del Club América, quien gusta de dormir en las bancas de los parques, el que organiza un “día de campo” en el parque de la colonia, el que disfruta el café no sin antes tomar unos cuantos sobres de azúcar extra para saborearlos en algún momento de ocio, quien no va a las fiestas si el “chupe” no está garantizado, alguien que a pesar de no estar dolido, no puede dejar de escuchar canciones de tropicales de despecho, el que pone: “acepto los términos y condiciones” sin siquiera haberlos ojeado, los que ponen a todo volumen en el carro la canción que está de moda, todo aquel  que tiene en sus listas de reproducción sonidos banda y norteños, los admiradores de los colguijes del espejo para autos, el que dice cantar la nueva canción en inglés o peor aún, tomó todo el curso de algún idioma extranjero cuando ni siquiera ha dominado su idioma materno, el que usa calcetines deportivos de color llamativo con pantalón de vestir, y muchas otras bajezas de esa índole a las que, de mala gana,  estamos ya todos acostumbrados.
Nadie puede estar cien por ciento seguro del origen de estos entes toscos, sin embargo lo único que podemos afirmar es que son más incómodos que útiles, no refiriéndome a las personas en sí, más que nada a sus acciones. Nunca falta el que perfora la ropa femenina con una mirada sin importarles siquiera hacerlo con discreción, la embarazada que debe estar de pie todo el trayecto en el transporte colectivo por algún baquetón que no tiene ni el más mínimo toque de caballerosidad, y aunque estés en la comodidad de tu auto, siempre encontrarás al que no te cede el paso en la vía; no hay más, gente como esa es un problema, pero todos tenemos un poco de naco muy dentro de nuestro ser por mucho que luchemos por negarlo.
“…la naquiza hereda los que la clase media abandona…” decía Monsiváis, porque como todo, esta barbarie tiene su historia, sus tradiciones, sus gustos y cultura que forman parte de la sociedad mexicana actual, una sociedad cambiante, más que cualquier otra, que toma lo que otros dejan y lo hace suyo.
Los aludidos tienen gustos muy marcados, un interés místico por lo que saben no les queda, herencias extranjeras poco explayadas, regionalismos y palabras arrastradas, mezcladas y sofritas que más que acercarlos a esa cultura, nos alejan a todos de ella, por eso el mexicano esta tan conceptualizado en todo el mundo como tercermundista y bruto, gracias a estas personas.
Quien no ha visto al típico que compra el periódico, se regocija leyendo la nota roja al mediodía en el parque (y eso si se digna a leerlo, abundan los pelados que apenas ven las imágenes) y acto seguido tira la prensa en el cesto más cercano, u osa dejarlo ahí a la intemperie. ¿De qué se trata ese gusto satírico por lo frívolo? Pero, ¿Qué hacer con eso? Con eso comprendo las  frases, “por gente como esa, México está como está”.
“…lo exótico es la supervivencia de lo atávico. […]”. Qué mejor ejemplo que las galas que desfilan por las plazas los domingos, no hay nada más superfluo que las vestimentas engalanadas de las cátedras. Pero, si tienen la facultad de cuidar su apariencia ese día, ¿cuánto esfuerzo más podría costar el hacerlo diario?, ¿hipocresía o costumbre?
¡Qué bonito es lo bonito! No hay hombre más cotizado que aquel romántico, galán, cariñoso y detallista, el mejor ejemplo: ¿el mariachi? ¿Porqué el caballero de ahora tiene un concepto de romanticismo tan vago como el de llegar a la ventana de su amada a mitad de la madrugada con todos sus amigos de parranda, en ropas que solo pueden ser descritas como fachas y totalmente alcoholizado, con un paso bailarín provocado no por su elegancia, si no por la falta de equilibrio debido a su nivel de ebriedad y ofreciendo un repertorio de tonadas propias para el ambiente de una cantina de mala muerte? ¡A dónde hemos llegado! Y peor aún, a donde hemos de llegar para reconocer lo bajo que hemos caído, porque bien se dice que una sola manzana podrida pudre a las demás y si de algo estoy segura es que los mexicanos no somos mala hierba, mucho menos burla de nadie, y tenemos la capacidad de ser lo que queramos ser y cambiar nuestro panorama para bien.

Porque ahora ya no solicitamos un refresco, “queremos un chesco”; una canción no es buena, “la rola es chida”, no hay dinero, “tenemos lana”; no hiciste algo mal, “la regaste”; las mujeres no son guapas, “están buenas”; no es tu mama, “es tu jefa” y muchas otras palabras arrastradas a cuestas como: chale, no manches, chido, imprimido, hicistes, no te rajes, cuates, e innumerables salvajismos parecidos.
Sí, siempre es bueno enriquecer nuestra cultura, mas no es bueno dejar de lado la propiedad de todo, siempre tener en cuenta que hay una manera correcta de hacer las cosas y ningún daño hace seguir estos parámetros. Tampoco es bueno ser siempre propio y correcto, somos humanos y prácticamente tenemos la obligación de equivocarnos, por nuestra cualidad humana, sin embargo el respetar nuestra cultura, nuestros orígenes, nunca estará de más.

Referencias:
Carlos Monsivaís. "Estética de la naquiza"

Dalia. Twickling With Words*