Esa mañana desperté y parecía ser que un rayo de sol visitaba mi habitación. De a poco, mis pupilas recobraron su cordura y un flash en mi mente parecía centellar vagos recuerdos. Al dar la vuelta, una sonrisa se dibujó en mi rostro al verlo ahí, recostado a mi lado; con una expresión pacífica aún apaciguada por el último sueño.
Parecía irreal despertar a su lado, mi mente parecía tratar de convencerme de la utopía de la escena. Y sí, para mí era nuevo el despertar a su lado, ver sus cabellos brillar con el reflejo de la resolana de la mañana, con sus brazos a mí alrededor y el calor de su cuerpo calentando mi espíritu.
La sensación de irrealidad me recorría cual escalofrío mientras de a poco, me estrujaba contra sus labios, moviendo sus frías manos cual rocío matinal a través de mi cabello.
Y mi racionalidad se esfumó. Sólo quería detener el tiempo, tenerlo aquí por siempre. Apreté mi mano con todas mis fuerzas, en un intento de poseer éste recuerdo por siempre.
Y así, tan efímero como el suspiró que se coló entre ambos, volvimos a la realidad, ahora con el título de amantes.
Dalia. Tickling With Words*
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