26 nov 2011

UN HILITO DE SANGRE


Publicada en 1991, “Un Hilito de Sangre” fue la primer novela del escritor mexicano Eusevio Ruvalcaba. Tiene sus bases en el México de la actualidad. Con un lenguaje ligero, entendible para cualquier lector, y de especial interés para el adolescente. Capta la escencia y mentalidad del adolescente a la
Narra la historia de un adolescente de 13 años que cursa la secundaria. La trama gira alrededor de un viaje que realiza de la Ciudad de México a Guadalajara, para ver a su novia, que en ese entonces, es todo para él.
El desarrollo nos muestra a un joven despierto, atento, e ingenioso. De a poco revela sus llamados “trucos” que va aplicando según la situación que se le presente. Así mismo, sale a relucir que a su temprana edad, ya está muy adentrado en temas sexuales. A lo largo de todo el libro, denota su precoz interés especialmente por los senos de las mujeres.
Es una historia que te atrapa, no sólo por la ligereza de la lectura, ni por la actualidad de los temas que trata, sino también porque tiene un toque de madurez, autodescubrimiento, humor y ternura entremezclados en los personajes, la historia y cada palabra de ésta novela.

En la humilde opinión de ésta autora, y con la poca experiencia que poseo en literatura contemporánea, ésta neo-novela (comparándola con los clásicos literarios del siglo XVII y XVIII), me parece demasiado banal, burda.
Es un buen libro, reitero, lectura ligera; enfocada a adolescentes. Como toda obra, tiene su audiencia, y en lo personal, no me considero parte de éste grupo.
En cuanto a lo meramente técnico, me parece que está bien redactado. Me parece que la historia tiene un ritmo constante, lo que le ayuda al lector a seguir la historia sin mayor complicación. Se basa en acontecimientos relativamente cotidianos en la vida adolescente, por lo cual encuentro lógico que éste público se identifique con el escrito. Sin embargo, también nos hace ver la realidad de nuestro país. Es un país donde los jóvenes, no tienen toda la información adecuada con respecto a las relaciones sexuales. Es un país inseguro, donde cualquiera que sea suficientemente astuto, puede hacer lo que le plazca. Un país donde la justicia, es injusta.
Creo que éste tipo de literatura, es más valiosa por el trasfondo que arrastra, que por la trama en sí misma. Aún así, es una historia interesante, realista y digerible para el lector.

La Dahlíada.

"Canto Primero.
¡Oh, Eos, la de los dedos rosa, la hija de la mañana, el lucero, hermana de Helios! ¡Protege tú a Dahlía, la guerrera del patinaje sobre hielo, que encubierta por las manos de Minerva, salió ya hace muchos lustros a la Villa de la Corregidora para encontrarse con lejanías canadienses! Es ésta la historia de Dahlía, es a su honor, guerrera del hielo, éste primer canto...!"
Eternas Gracias, Eloy Caloca Lafont.

Pride.

Primer capítulo de MI novela.

Abrió los ojos. Un ruido estridente taladraba sus oídos sin ofrecer descanso. Era una mañana fría, como las que se acostumbran en ésta época del año. Podía sentirse la gélida bruma quemar la garganta a cada aliento; así como se escuchaba el silbido del viento al atravesar las ventanas. Todo armonizaba perfectamente, como una dulce y mortal sinfonía; agradable al oído, hiriente al cuerpo.
Era uno de esos días en los que es mejor quedarse en cama que si quiera poner un pie fuera de casa, pero, ¿quién iba a saberlo? Afrontémoslo, todos estamos a merced del destino, de Dios, del Karma, no lo sé. Es como una rueda de la fortuna, a veces llegas a la punta y logras ver todo el panorama; mientras que otras, estás tan abajo, que no te queda de otra más que subir.
La alarma seguía sonando. Parecía como si llevara una eternidad con su chirrido, como si nada fuera a detenerla, nunca. Le tomó toda la fuerza que tenía en el cuerpo sacar el brazo del abrigado, cálido y protector refugio de cobijas para detener el agonizante ruido.  Y así se quedó. Inmóvil y en silencio, tomando coraje para arrojar su abrigo y pasar frío. Mentalmente contó: uno, dos, tres. Y cerrando con fuerza los ojos en una mueca de dolor, apartó a un lado las cobijas mientras de un salto, se sentaba en la orilla de la cama.
La piel se le erizó al momento que sintió el frío matinal inundar cada parte de su ser. En su mente bailaba la idea de correr a refugiarse en su cálido albergue, pero se resistió. Puso los pies descalzos en el suelo, a sabiendas del martirio que le esperaba. Ahogó un gemido para intentar tolerar tan cruel tormento y con un profundo suspiró que le caló hasta el alma, se dio cuenta que ese era sólo el comienzo.
Después todo pasó muy rápido. Intento hacerlo todo lo más pronto posible; mientras más rápido se terminara, mejor. Ni siquiera se escuchaban sus pasos adormilados en la gélida oscuridad. Se abrió la puerta de la habitación justo antes de abrir la del baño. Cuando menos se dio cuenta, el vapor de la cascada de agua caliente había saturado el pequeño cuarto de baño. Se sentía… agobiada, asfixiada, sofocada y a la vez aliviada de aquella relajante toxina gaseosa. Al fin pudo inhalar como se debía, sin restricciones y sin sentir navajas correr por sus pulmones al hacerlo. Era un alivio sentir el agua caliente rodar por su cuerpo, mas era un arma de doble filo. Entre más cómoda se sintiera ahí, el frío del exterior sería aún más cruel al salir de la regadera; pero eso no le importaba en ese momento, nada más importaba.
De nuevo, al salir de la ducha, hizo todo tan rápido como pudo para no prolongar el sufrimiento. Cerró las perillas del agua de la regadera, se secó y envolvió en una toalla y alborotó su cabello en un burdo intento de quitarle la humedad. Prácticamente corrió a la habitación y se puso el feo uniforme del colegio. Mientras se miraba al espejo desenredando las marañas que llevaba por cabellera, pensaba en lo monopólico y tirano de esa prisión camuflada. Comenzaron a llegar los recuerdos y prefirió enfocarse en lo horrible y cansada que se veía. Pensó en obviar el maquillaje. Qué más daba, ni todo el maquillaje del mundo le iba a disimular ese mal aspecto, pero eso significaría estar diez minutos antes en la escuela, por lo que la rutina de belleza, se llevó a cabo sin inconvenientes.
Una vez lista, bajó a indagar en el refrigerador si habría algo que desayunar. Tenía tanto en la cabeza, que se había olvidado de comer bien recientemente, pero no había nada. Un par de cajas de cereales; una integral medio vacía cuyo contenido no olía diferente al acartonado empaque, y otra que sólo tenía residuos de algo azucarado seguramente. Unas cuantas latas de conservas, uno que otro yogurt pasado, porciones a medias de embutidos, verduras crudas; nada comestible. Puso sus manos sobre su abdomen para contener el rugido que la ensordecía y volvió al segundo piso a cepillarse los dientes.
Mientras lo hacía, el olor a mentolado la apaciguaba aún más y vislumbraba en el espejo aún empañado del vapor de su baño previo, su melena alborotada y enredada con esmero. Era mejor dejar las cosas así. Cada vez que intentaba hacerse cargo de ese asunto, acababa siendo peor. Así que con un lamento siguió la ya empezada tarea con movimientos torpes y mecánicos.
Trataba de prolongar la partida cuanto fuera posible, tal vez así, con un retardo, los dictadores que se hacían llamar directivos, se limitarían a regresarla a su cómoda cama, sin embargo el plan se vio frustrado por el chirriante claxon del auto de su madre, que estaba impaciente esperándola ya afuera.
Arrastrando los pies y la mochila, logró abrirse paso desde el segundo piso hasta el vehículo y desde ahí, sólo pudo saber de la música de la estación que sonaba en el radio; Caifanes. “No dejes que nos coma el diablo amor; que se trague tu calor  y eructe mi dolor; no dejes que…”, muy apropiado. Había algo en esas palabras, en esos acordes que hacían que simplemente recargara la cabeza contra el asiento, y cerrara los ojos. Hay  momentos en los que simplemente debes dejarte llevar, y ella lo hizo en ese instante, mientras el usualmente desesperante tránsito, le daban cada minuto más y más esperanza de tener la oportunidad de regresar a recostarse.

Cuando La inspiración te llega...

Tus palabras son retazos de caminos perdidos
Tus mentiras, el mapa que hoy sigo
... un camino que jamás encontraré

Perdido en la vía de todos los días
Esperando llegar a ese lugar
Aquel donde la caricia más tierna se vuelve rutina
Regresa a tu isla de incetidumbre
mientras me arrastras a tu voz, a la perdición

Con tu roce amargo con acentos de hiel
Sobre esta soledad en espera de que llegues a entender
Que ahora ya nada queda aqui en la inmensidad.

Quisiera poder llegar a adentrarme a donde nadie ha llegado
viendo a través de tus ojos lo que nunca conocí
enredado entre tus cabellos y tejido en tu piel ruidosa
que calla el silencio de nuestro abismo

16 mar 2011

"Nuevos Amantes"

Esa mañana desperté y parecía ser que un rayo de sol visitaba mi habitación. De a poco, mis pupilas recobraron su cordura y un flash en mi mente parecía centellar vagos recuerdos. Al dar la vuelta, una sonrisa se dibujó en mi rostro al verlo ahí, recostado a mi lado; con una expresión pacífica aún apaciguada por el último sueño.
Parecía irreal despertar a su lado, mi mente parecía tratar de convencerme de la utopía de la escena. Y sí, para mí era nuevo el despertar a su lado, ver sus cabellos brillar con el reflejo de la resolana de la mañana, con sus brazos a mí alrededor y el calor de su cuerpo calentando mi espíritu.
La sensación de irrealidad me recorría cual  escalofrío mientras de a poco, me estrujaba contra sus labios, moviendo sus frías manos cual rocío matinal a través de mi cabello.
Y mi racionalidad se esfumó. Sólo quería detener el tiempo, tenerlo aquí por siempre. Apreté mi mano con todas mis fuerzas, en un intento de poseer éste recuerdo por siempre.
Y así, tan efímero como el suspiró que se coló entre ambos, volvimos a la realidad, ahora con el título de amantes.

Dalia. Tickling With Words*

13 mar 2011

"El crepúsculo del nuevo mundo"

Dedicatoria del libro de seis capítulos que, en colaboración con tres compañeros, escribí en secundaria. Escrita originalmente para Francis Y. Aguirre quien inspiró ése proyecto.
Y no está de más agregar que escribí la dedicatoria para y pensando en esos maestros que me cambiaron de una u otra forma, que me inspiraron de cierta manera y que de algún modo, me han hecho lo que soy.

"Para la maestra Francis, que siempre nos alienta y apoya para seguir caminando hacia delante en el camino de lo desconocido, guiándonos con el mapa del conocimiento, esperando marcar la  senda del futuro.
Porque siempre nos motiva a mejorar, nos muestra nuestro potencial y nos enseña a exigirnos todo de nosotros mismos para así llegar a ser los mejores.
Porque no se puede alcanzar la perfección, pero sí aspirar a ella, le dedicamos este libro, para que sea parte de ella como ella es parte de nosotros."

Para mí, no sólo fueron profesores, fueron un pilar. Cuando flaqueaba me recordaban que puedo dar más, que nunca es suficiente y que no hay nada que no pueda ser o hacer. Ellos, que creyeron en mí cuando nadie lo hacía, a ellos quiero decirles: gracias. Porque  más de alguno me aconsejo como a su hija, como a su hermana. Porque hemos sido amigos, confidentes, compañeros de aventuras, tutores, guías y más que profesores, maestros.

A ellos quiero decirles que sigan con su vocación, porque estoy segura de que no seré la única a la que le cambien la vida. Y espero que algún día se sientan orgullosos de mí, como un maestro lo está de su pupilo.


Con mucho cariño y una profunda admiración para:
Francis Aguirre A.
Rogelio Ríos O.
Gerardo Carrasco T.

Jorge Andrade N.
Eloy Caloca L.

"El crepúsculo del nuevo mundo"
De: Dalia L., Sherlyn G., Luis L., Elsa R.

Dalia. Tickling With Words*

"Estética de la naquiza"

Carlos Monsiváis.

NO ES QUE ESTÉ FEO, SINO QUE ESTOY MAL ENVUELTO.


A lo largo del desarrollo de la sociedad siempre ha habido un pequeño grupo de rezagados, personas que son mal vistas desde la perspectiva general, y no hay quien sea más rechazado en nuestros días, que los pedestres, zafios, corrientes, triviales, iletrados y rústicos coloquialmente denominados: nacos.
No importa cuán marcados estén los estatus, estos léperos son parte de nuestra cotidianidad y hemos aprendido a tratarlos. Son nuestra burla y nosotros la suya, las diferencias entre ellos y nosotros es lo que fortalece la ostentosa cultura mexicana.
Llámese folklor o regionalismos no cabe duda que los nacos transforman nuestro país en todo sentido, desde el lenguaje, hasta la forma de vestir pasando por la comida y las costumbres, para bien o para mal, son parte fundamental de lo que hoy somos, porque se dice que la fuerza de una sociedad se mide por la resistencia de su eslabón más débil, y, ¿cuál es nuestro eslabón más débil? todos los que se encuentran escondidos en cada rincón de los barrios de la cuidad.

Pero, ¿a quién podemos etiquetar con este término? Quien cabecea en el transporte público dejando su aliento matutino plasmado en la ventana, aquel que deja entrever su chicle a medio mascar en su boca, el que deja su alma y corazón en el partido del Club América, quien gusta de dormir en las bancas de los parques, el que organiza un “día de campo” en el parque de la colonia, el que disfruta el café no sin antes tomar unos cuantos sobres de azúcar extra para saborearlos en algún momento de ocio, quien no va a las fiestas si el “chupe” no está garantizado, alguien que a pesar de no estar dolido, no puede dejar de escuchar canciones de tropicales de despecho, el que pone: “acepto los términos y condiciones” sin siquiera haberlos ojeado, los que ponen a todo volumen en el carro la canción que está de moda, todo aquel  que tiene en sus listas de reproducción sonidos banda y norteños, los admiradores de los colguijes del espejo para autos, el que dice cantar la nueva canción en inglés o peor aún, tomó todo el curso de algún idioma extranjero cuando ni siquiera ha dominado su idioma materno, el que usa calcetines deportivos de color llamativo con pantalón de vestir, y muchas otras bajezas de esa índole a las que, de mala gana,  estamos ya todos acostumbrados.
Nadie puede estar cien por ciento seguro del origen de estos entes toscos, sin embargo lo único que podemos afirmar es que son más incómodos que útiles, no refiriéndome a las personas en sí, más que nada a sus acciones. Nunca falta el que perfora la ropa femenina con una mirada sin importarles siquiera hacerlo con discreción, la embarazada que debe estar de pie todo el trayecto en el transporte colectivo por algún baquetón que no tiene ni el más mínimo toque de caballerosidad, y aunque estés en la comodidad de tu auto, siempre encontrarás al que no te cede el paso en la vía; no hay más, gente como esa es un problema, pero todos tenemos un poco de naco muy dentro de nuestro ser por mucho que luchemos por negarlo.
“…la naquiza hereda los que la clase media abandona…” decía Monsiváis, porque como todo, esta barbarie tiene su historia, sus tradiciones, sus gustos y cultura que forman parte de la sociedad mexicana actual, una sociedad cambiante, más que cualquier otra, que toma lo que otros dejan y lo hace suyo.
Los aludidos tienen gustos muy marcados, un interés místico por lo que saben no les queda, herencias extranjeras poco explayadas, regionalismos y palabras arrastradas, mezcladas y sofritas que más que acercarlos a esa cultura, nos alejan a todos de ella, por eso el mexicano esta tan conceptualizado en todo el mundo como tercermundista y bruto, gracias a estas personas.
Quien no ha visto al típico que compra el periódico, se regocija leyendo la nota roja al mediodía en el parque (y eso si se digna a leerlo, abundan los pelados que apenas ven las imágenes) y acto seguido tira la prensa en el cesto más cercano, u osa dejarlo ahí a la intemperie. ¿De qué se trata ese gusto satírico por lo frívolo? Pero, ¿Qué hacer con eso? Con eso comprendo las  frases, “por gente como esa, México está como está”.
“…lo exótico es la supervivencia de lo atávico. […]”. Qué mejor ejemplo que las galas que desfilan por las plazas los domingos, no hay nada más superfluo que las vestimentas engalanadas de las cátedras. Pero, si tienen la facultad de cuidar su apariencia ese día, ¿cuánto esfuerzo más podría costar el hacerlo diario?, ¿hipocresía o costumbre?
¡Qué bonito es lo bonito! No hay hombre más cotizado que aquel romántico, galán, cariñoso y detallista, el mejor ejemplo: ¿el mariachi? ¿Porqué el caballero de ahora tiene un concepto de romanticismo tan vago como el de llegar a la ventana de su amada a mitad de la madrugada con todos sus amigos de parranda, en ropas que solo pueden ser descritas como fachas y totalmente alcoholizado, con un paso bailarín provocado no por su elegancia, si no por la falta de equilibrio debido a su nivel de ebriedad y ofreciendo un repertorio de tonadas propias para el ambiente de una cantina de mala muerte? ¡A dónde hemos llegado! Y peor aún, a donde hemos de llegar para reconocer lo bajo que hemos caído, porque bien se dice que una sola manzana podrida pudre a las demás y si de algo estoy segura es que los mexicanos no somos mala hierba, mucho menos burla de nadie, y tenemos la capacidad de ser lo que queramos ser y cambiar nuestro panorama para bien.

Porque ahora ya no solicitamos un refresco, “queremos un chesco”; una canción no es buena, “la rola es chida”, no hay dinero, “tenemos lana”; no hiciste algo mal, “la regaste”; las mujeres no son guapas, “están buenas”; no es tu mama, “es tu jefa” y muchas otras palabras arrastradas a cuestas como: chale, no manches, chido, imprimido, hicistes, no te rajes, cuates, e innumerables salvajismos parecidos.
Sí, siempre es bueno enriquecer nuestra cultura, mas no es bueno dejar de lado la propiedad de todo, siempre tener en cuenta que hay una manera correcta de hacer las cosas y ningún daño hace seguir estos parámetros. Tampoco es bueno ser siempre propio y correcto, somos humanos y prácticamente tenemos la obligación de equivocarnos, por nuestra cualidad humana, sin embargo el respetar nuestra cultura, nuestros orígenes, nunca estará de más.

Referencias:
Carlos Monsivaís. "Estética de la naquiza"

Dalia. Twickling With Words*